Háblame en el beso

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Mis sentidos se agudizan con la oscuridad,
la luz se ha ido en un parpadeo eterno.

Su olor es inevitable,
está cerca y me besa.
Usa lo profundo de sus labios
zona intensa de corrientes contrarias
alojan agua y energía en un solo lugar.

Hace frío. Juega con el calor.
El fuego y el agua se encuentran,
se penetran.
Baja hacia al cuello,
respetando la sinfonía del sistema.
Mis solitarios labios no intuyen
la soledad, los acompaña
el contacto de sus dedos.

Lame mi mentón,
baja por mi cerviz,
da la vuelta, pone la pasión de su aliento,
justo en el hipotálamo.
Continúa por mi médula
oliendo mi espalda y,
justo en el broche muscular
del cinturón escapular, se detiene.

Presiona, humedece, juega.
Regreso ante ella, la saliva se espesa
buscando el encuentro de dos.

Su lengua abre mi blusa,
el timo en un suave soplo,
no se esconde y abre
la llave del templo.

Estoy distinta, su lado zurdo,
está en mi boca
y su boca en mi timo
a punto de moverse

Se desplaza a mi pezón
lo besa, igual al coxis.


Arduo trabajo, espero
estar bien hidratada.

Me toma con fuerza
y da la vuelta,
me acaricia, me obliga.


Mis manos lo hacen
en sintonía con las suyas.


Una espiral envuelve mi cintura,
clara de su camino, regresa al ombligo.
Su dedo anular e índice
empiezan a descender y
justo antes de llegar,
los fluidos en mi boca
gritan por más.

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