El rompecabezas

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Empecemos.
Ármalo, imagina
que somos niños;
descubre cómo
encajar las piezas.

Piensa ¿Qué nos pega a la tierra?
Un soporte, bello y articulado.
¿Su propósito?
Llevarnos a donde
queramos llegar.

Los pies
fina arquitectura
planean cada paso
que damos.
Amortiguan, reparten
en etapas la energía.

Cada huella lo sabe,
al caminar
de la manera correcta.

Cada huella lo sabe,
al caminar
de la manera correcta.

Nuestro cuerpo,
un rompecabezas,
arma el tejido conectivo
en una secuencia de hilos óseos,
pequeños canales,
almohadones espaciados,
que almacenan energía
en busca de ser liberada.

Cada movimiento
tiene intención.
Al avanzar, protege y
sustenta la movilidad humana.

Ya empezamos.
Más de 206 piezas
tejen la estructura ósea,
en compañía de 230
articulaciones.
Estas, unen, crean,
son el soporte mecánico y
mueven nuestra máquina,
el lego.

El tobillo gradúa,
precisa la movilidad
y orientación.

Sus aliados,
tibia, peroné,
inteligente rótula
y cadera,
adecúan el cambio
según el terreno.


La cadera enciende
la cadena de piñones;
los ajusta, según lo disponga
la propiocepción
de la perspicaz espalda.


Forma canales energéticos
precisos en la espiral
que sostiene nuestro equilibrio.


Organiza, orienta,
hala, empuja,
adecua la orden
central del conductor.

El flexible cuello
gira en todas las direcciones:
atrás sin detenernos,
al lado para ubicarnos,
al frente para no perder el rumbo.

¿Estás cansado?,
Detente, desármate…
entrégate al piso,acuéstate.

Sostén la mirada
hacia nuestros brazos y manos,
las mejores herramientas
ignoradas
que hacen posible definir
la precisión del sentir.

Toca, acaricia.
Explora
el rompecabezas.
Los huesos hilan,
crean, conectan,
las articulaciones te invitan a más.

A innovar,
libertad para engranarte
de todas las maneras posibles
y llegar a tu destino final.

Enciéndelas, úsalas
y encontrarás
tu manera de danzar.

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