Conecta

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Subo a ella,
conecto el lado
diestro
a su silla.

Limito con
el tanque de gasolina
y nos volvemos
una sola pieza.

Al tiempo,
las alas
de la cadera
y los hombros
estabilizan
la dirección
de mis manos
en el manubrio.

Al caer
mi pierna derecha
al suelo,
con propiedad y fuerza,
afianzo la máquina,
el peso
lo sostiene
ese lado.

Libero
con ayuda de la cadera
mi lado zurdo.
Mi pie izquierdo,
libre con su falange mayor,
busca el neutro.

Mi mano de
escritura
tiene el control
en el freno.

Los astutos dedos
acarician el acelerador
y mantienen firme
su potente motor,
sin dar
rienda suelta
antes de tiempo.

Acelero más;
la caliento un poco
sin que se mueva,
pasando de primera
a segunda,
en sintonía
con el juego del tacto.
Las falanges zurdas
van bailando
en conexión,
para soltar suavemente
cada orden.

Mi cuello y espalda
acompañan
la cadera.
Sensibilizo los pasos
en unión, somos una.


Ajusto mi abdomen.
Apresuro un poco,
lo suficiente
para despegar
mi pierna de la gravedad
e irme de allí.

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